La Odisea
La Odisea 49 Ahora yacen todos juntos en la puerta del patio y Odiseo ha encendido un gran fuego, azufra la magnÃfica morada y me envió a llamarte. SÃgueme, pues, a fin de que ambos llenéis vuestro corazón de contento, ya que padecisteis tantos males. Por fin se cumplió aquel gran deseo. Odiseo tornó vivo a su hogar, hallándoos a ti y a tu hijo; y a los pretendientes que lo ultrajaban, los ha castigado en su mismo palacio.
58 Contestóle la discreta Penelopea:
59 —¡Ama querida! No cantes aún victoria regocijándote con exceso. Bien sabes cuan grata nos habÃa de ser su venida a todos los del palacio y especialmente a mà y al hijo que engendramos; pero la noticia no es cierta como tú la das, sino que alguno de los inmortales ha muerto a los ilustres pretendientes, indignado de ver sus dolorosas injurias y sus malvadas acciones. Que no respetaban a ningún hombre de la tierra, malo o bueno que a ellos se llegara; y de ahà viene que, a causa de sus iniquidades, hayan padecido tal infortunio. Pero la esperanza de volver feneció lejos de Acaya para Odiseo, y éste también ha muerto.
69 Respondióle en el acto su ama Euriclea: