La Odisea
La Odisea 129 Contestóle el ingenioso Odiseo:
130 —Pues voy a decir lo que considero más conveniente. Empezad lavandoos, poneos las túnicas y ordenad a las esclavas que se vistan en el palacio; y acto seguido el divinal aedo, tomando la sonora cÃtara, nos guiará en la alegre danza; de suerte que, en oyéndolo desde fuera algún transeúnte o vecino, piense que son las nupcias lo que celebramos. No sea que la gran noticia de la matanza de los pretendientes se divulgue por la ciudad antes de salirnos a nuestros campos llenos de arboledas. Allà examinaremos lo que nos presente el OlÃmpico como más provechoso.
141 Asà les dijo; y ellos le escucharon y obedecieron. Comenzaron a lavarse y a ponerse las túnicas, ataviáronse las mujeres, y el divino aedo tomó la hueca cÃtara y movió en todos el deseo del dulce canto y de la eximia danza.
146 Presto resonó la gran casa con el ruido de los pies de los hombres y de las mujeres de bella cintura que estaban bailando. Y los de fuera, al oÃrlo, solÃan exclamar:
149 —Ya debe haberse casado alguno con la reina que se vio tan solicitada. ¡Infeliz! No tuvo constancia para guardar la gran casa de su primer esposo hasta la vuelta del mismo.