La Odisea

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329 Así dijo. Púsose el sol y sobrevino la obscuridad. Y entonces habló Atenea la diosa de ojos de lechuza: —¡Oh anciano! Todo lo has referido discretamente. Pero, ea, cortad las lenguas y mezclad vino, para que, después de hacer libación a Poseidón y a los demás inmortales, pensemos en acostarnos, que ya es hora. La luz del sol se fue al ocaso y no conviene permanecer largo tiempo en el banquete de los dioses, pues es preciso recogerse.

337 Así habló la hija de Zeus, y todos la obedecieron. Los heraldos diéronles aguamanos: unos mancebos coronaron de bebida las crateras y distribuyeron el vino a los presentes, después de haber ofrecido en copas las primicias; y, una vez arrojadas las lenguas al fuego, pusiéronse de pie e hicieron libaciones. Ofrecidas éstas y habiendo bebido cuanto desearan, Atenea y el deiforme Telémaco quisieron retirarse a la cóncava nave. Pero Néstor los detuvo reprendiéndolos con estas palabras:







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