La Odisea
La Odisea 346 —Zeus y los otros dioses inmortales nos libren de que vosotros os vayáis de mi lado para volver a la velera nave, como si os fuerais de junto a un varón que carece de ropa; del lado de un pobre, en cuya casa no hay mantos ni gran cantidad de colchas para que él y sus huéspedes puedan dormir blandamente. Pero a mà no me faltan mantos ni lindas colchas. Y el caro hijo de Odiseo no se acostará ciertamente en las tablas de su bajel mientras yo viva o queden mis hijos en el palacio para alojar a los huéspedes que a mi casa vengan.
356 DÃjole Atenea, la deidad de ojos de lechuza: —Bien hablaste, anciano querido, y conviene que Telémaco te obedezca porque es lo mejor que puede hacer. Iráse, pues, contigo para dormir en tu palacio, y yo volveré al negro bajel a fin de animar a los compañeros y ordenarles cuanto sea oportuno. Pues me glorio de ser entre ellos el más anciano, que todos los hombres que vienen con nosotros por amistad son jóvenes y tienen los mismos años que el magnánimo Telémaco. Allà me acostaré en el negro y cóncavo bajel, y al rayar el dÃa, me llegaré a los magnánimos caucones en cuyo paÃs he de cobrar una deuda antigua y no pequeña; y tú, puesto que Telémaco ha venido a tu casa, envÃale en compañÃa de un hijo tuyo y dale un carro, y los corceles que sean más ligeros en el correr y mejores por su fuerza.