La Odisea

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593 Respondióle el prudente Telémaco: —¡Atrida! No me detengas mucho tiempo. Yo pasaría un año a tu lado, sin sentir soledad de mi casa ni de mis padres —pues me deleita muchísimo oír tus palabras y razones—; mas deben de aburrirse mis compañeros en la divina Pilos y hace mucho que me detienes. El don que me hagas consista en algo que se pueda guardar. Los corceles no pienso llevarlos a Ítaca, sino que los dejaré para tu ornamento, ya que reinas sobre un gran llano en que hay mucho loto, juncia, trigo, espelta y blanca cebada muy lozana. Ítaca no tiene lugares espaciosos donde se pueda correr, ni prado alguno, que es tierra apta para pacer cabras y más agradable que las que nutren caballos. Las islas, que se inclinan hacia el mar, no son propias para la equitación ni tienen hermosos prados, e Ítaca menos que ninguna.

609 Así dijo. Sonrióse Menelao, valiente en la pelea, y acariciándole con la mano, le habló de esta manera:







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