La Odisea
La Odisea 638 Así dijo; y quedáronse atónitos porque no se figuraban que Telémaco hubiese tomado la rota de Pilos, la ciudad de Neleo, sino que estaba en el campo, viendo las ovejas, o en la cabaña del porquerizo.
641 Mas al fin Antínoo, hijo de Eupites, contestóle diciendo: —Habla con sinceridad. ¿Cuándo se fué y qué jóvenes le siguieron? ¿Son mancebos de Ítaca escogidos o quizás hombres asalariados y esclavos suyos? Pues también pudo hacerlo de semejante manera. Refiéreme asimismo la verdad de esto, para que yo me entere: ¿te quitó la negra nave por fuerza y mal de tu agrado, o se la diste voluntariamente cuando fue a hablarte?
648 Noemón, hijo de Fronio, le respondió de esta guisa: —Se la di yo y de buen grado. ¿Qué hiciera cualquier pidiéndosela un varón tan ilustre y lleno de cuidados? Difícil hubiera sido negársela. Los mancebos que le acompañan son los que más sobresalen en el pueblo, entre nosotros, y como capitán vi embarcarse a Méntor o a un dios que en todo le era semejante. Mas de una cosa estoy asombrado: ayer, cuando alboreaba la aurora, vi aquí al divinal Méntor y entonces se embarcó para ir a Pilos.