El hombre que rie
El hombre que rie Lord David fue, en aquel puesto, el jefe de la cebadera del rey, el que da la cebada a los caballos, disfrutando doscientas setenta libras de sueldo. Tuvo bajo sus órdenes los cinco cocheros del rey, sus cinco postillones, sus cinco palafreneros, sus doce lacayos y sus cuatro portasillas. Gobernó los seis caballos de carrera que sostiene el rey en Haymarket y que cuestan seiscientas libras anuales a Su Majestad. Estuvo encargado de la guardarropía del rey, que proporciona los trajes de ceremonia a los caballeros de la Jarretiera. Fue saludado hasta el suelo por el ujier de la varanegra, que está al servicio del rey. Este ujier, en tiempo de Jacobo II, era el caballero Duppa. La magnífica corte de Inglaterra es un modelo de hospitalidad. Lord David presidió, como uno de los doce, los banquetes y recepciones. Tuvo la gloria de estar en pie detrás del rey en los días de ofrenda, cuando el rey da a la iglezia el byzantium de oro, los días de collar, cuando el rey lleva el collar de su orden, y los días de comunión, cuando nadie comulga, a excepción del rey y de los príncipes. El fue quien, el Jueves Santo, introdujo cerca de Su Majestad los doce pobres a quienes el rey da tantas monedas de plata como años tiene de vida, y tantos chelines como años de reinado. Cuando el rey estaba enfermo, tuvo el cargo de llamar, para asistir a Su Majestad, a los dos criados de la capellanía, que son sacerdotes, y de privar que los médicos se aproximasen sin permiso del consejo de Estado. Además, fue teniente coronel del regimiento escocés de la guardia real, que bate la marcha de Escocia.