Los Miserables - Parte 2
Los Miserables - Parte 2 Dios tiene sus caminos: el convento contribuía, como Cosette, a mantener y completar en Jean Valjean la obra del obispo. Mientras no se había comparado más que con el obispo, se había creído indigno, y había sido humilde; pero desde que, hacía algún tiempo, se comparaba con los hombres, había principiado a nacer en él el orgullo. ¿Quién sabe si tal vez, y poco a poco, habría concluido por volver al odio?
El convento lo detuvo en esta pendiente.
Algunas veces se apoyaba en la pala, y descendía lentamente por la espiral sin fin de la meditación. Recordaba a sus antiguos compañeros, y su gran miseria. Vivían sin nombre; sólo eran conocidos por números; estaban casi convertidos en cifras, y vivían en la vergüenza, con los ojos bajos, la voz queda, los cabellos cortados, y recibiendo golpes.
Después su espíritu se dirigía a los seres que tenía ante la vista.
Estos seres vivían también con los cabellos cortados, los ojos bajos, la voz queda, no en la vergüenza, pero sí en medio de la burla del mundo. Los otros eran hombres; éstos eran mujeres. ¿Y qué habían hecho aquellos hombres? Habían robado, violado, saqueado, asesinado. Eran bandidos, falsarios, envenenadores, incendiarios, asesinos, parricidas. ¿Y qué habían hecho estas mujeres? Nada.