Los Miserables - Parte 3
Los Miserables - Parte 3 - ¡Oh!, ¡mi bienhechor! -exclamó Jondrette delirante.
Y añadió por lo bajo:
- Míralo bien, mujer.
El señor Blanco había cogido el brazo de su hermosa hija, y se dirigía hacia la puerta.
- Hasta la noche, amigos míos -dijo.
En aquel momento la Jondrette mayor se fijó que el abrigo del visitante estaba sobre la silla.
- Señor -dijo-, olvidáis vuestro abrigo.
Jondrette dirigió a su hija una mirada furibunda.
- No lo olvido, lo dejo -contestó el señor Blanco sonriendo.
- ¡Oh, mi protector! ¡Mi augusto bienhechor! -dijo Jondrette-, voy a llorar a lágrima viva con tantas bondades. Permitid que os acompañe hasta vuestro carruaje.
- Si salís -dijo el señor Blanco-, poneos ese abrigo. En verdad hace mucho frío.
Jondrette no se lo hizo repetir dos veces y los tres salieron del desván, Jondrette precediendo a los visitantes.