Los Miserables - Parte 3
Los Miserables - Parte 3 Marius redobló su atención.
Jondrette, solo ya con su mujer, se puso a pasear nuevamente por el cuarto.
- ¿Quieres que te diga una cosa? -dijo-. La señorita… ¡es ella!
Marius no podía dudar, era de Ella de quien se hablaba. Escuchaba ansioso; toda su vida estaba en sus oídos, pero Jondrete bajó la voz.
- ¿Esa? -dijo la mujer.
- Esa -contestó el marido.
No hay palabra que pueda expresar lo que había en el esa de la madre. Eran la sorpresa, la rabia, el odio y la cólera mezclados y combinados en una monstruosa entonación. Habían bastado algunas palabras, el nombre sin duda que su marido le había dicho al oído, para que aquella gorda adormilada se despertara y de repulsiva se volviera siniestra.
- ¡Imposible! -exclamó-. Cuando pienso que mis hijas van con los pies descalzos, y que no tienen un vestido que ponerse. ¡Cómo! ¡Sombrero de terciopelo, chaqueta de raso, botas y todo! ¡Más de doscientos francos en trapos! ¡Cualquiera creería que es una señora! No, te engañas; en primer lugar, la otra era horrible, y ésta no es fea. ¡No puede ser ella!
- ¡Te digo que es ella!