Los Miserables - Parte 3
Los Miserables - Parte 3 Un momento después, Marius sintió los pasos de las dos niñas en el corredor y la voz de Jondrette que les gritaba:
- ¡Pongan mucha atención! Una junto al muro, la otra en la esquina del Petit-Banquier.
No pierdan de vista ni por un segundo la puerta de la casa, y la menor cosa que vean, las dos aquí corriendo. La mayor gruñó:
- ¡Pegarse el plantón a pie pelado en la nieve!
- Mañana tendrás botines de seda -dijo el padre.
No quedó en la casa nadie más que Marius y los Jondrette, y probablemente los hombres misteriosos que el joven entreviera en el cuarto vacío.
Jondrette había encendido su pipa y fumaba, sentado en la silla rota.
Si Marius hubiera tenido sentido del humor, como Courfeyrac, habría estallado en risas cuando su mirada descubrió a la Jondrette. Se había puesto un sombrero negro con plumas, un inmenso chal escocés sobre el vestido de lana, y los zapatos de hombre que antes usara su hija. Esta tenida hizo exclamar a Jondrette:
- ¡Estás muy bien vestida! Vas a inspirar confianza.
El, por su parte, no se había quitado el abrigo del señor Blanco.