Los Miserables - Parte 3
Los Miserables - Parte 3 El coronel había sido atacado hacía tres días por una fiebre cerebral; al principio de la enfermedad tuvo un mal presentimiento, y escribió al señor Gillenormand para llamar a su hijo. El enfermo se agravó, y el mismo día de la llegada de Marius a Vernon el coronel había tenido un acceso de delirio; se había levantado del lecho a pesar de la oposición de la criada, gritando:
- ¡Mi hijo no viene!, ¡voy a buscarlo!
Y habiendo salido de su cuarto cayó en los ladrillos de la antecámara. Acababa de expirar.
Habían sido llamados el médico y el cura; pero el médico llegó tarde y el sacerdote llegó tarde.
También el hijo llegó tarde.
A la débil luz de la vela se distinguía en la mejilla del coronel que yacía pálido en el suelo, una gruesa lágrima que brotara de su ojo ya moribundo. El ojo se había apagado, pero la lágrima no se había secado aún. Aquella lágrima era la tardanza de su hijo.
Marius miró a ese hombre, a quien veía por primera y última vez; contempló su fisonomía venerable y varonil, sus ojos abiertos que no miraban, sus cabellos blancos.