Los Miserables - Parte 3
Los Miserables - Parte 3 Contempló la gigantesca cicatriz que imprimía un sello de heroísmo en aquella fisonomía, marcada por Dios con el sello de la bondad. Pensó que ese hombre era su padre, y que estaba muerto, y permaneció inmóvil.
La tristeza que experimentó fue la misma que hubiera sentido ante cualquier otro muerto. El dolor, un dolor punzante, reinaba en la sala. La criada sollozaba en un rincón, el sacerdote rezaba y se le oía suspirar, el médico se secaba las lágrimas; el cadáver lloraba también.
El médico, el sacerdote y la mujer miraban a Marius en medio de su aflicción, sin decir una palabra. Allí era él el extraño; se sentía poco conmovido, y avergonzado de su actitud. Como tenía el sombrero en la mano, lo dejó caer al suelo para hacer creer que el dolor le quitaba fuerzas para sostenerlo. Al mismo tiempo sentía un remordimiento, y se despreciaba por obrar así. Pero, ¿era esto culpa suya? ¡Después de todo, él no amaba a su padre!