Los Miserables - Parte 4
Los Miserables - Parte 4 - ¡Ah! -dijo el señor Gillenormand-, no tienes ni un ochavo. Estás vestido como un ladrón.
Y abriendo un cajón, sacó una bolsa que puso sobre la mesa.
- Toma, ahí tienes cien luises; cómprate un sombrero.
- Padre -continuó Marius-, mi buen padre, ¡si supieseis! La amo. No podéis figuraros. La primera vez que la vi fue en el Luxemburgo, adonde ella iba a pasear; al principio no le puse atención, pero después yo no sé cómo me he enamorado. ¡Oh! ¡Cuánto he sufrido! Pero, en fin, ahora la veo todos los días en su casa; su padre no lo sabe, nos vemos en el jardín. Y ahora, figuraos que van a partir; su padre quiere irse a Inglaterra, y yo me he dicho: voy a ver a mi abuelo y a contárselo. Me volveré loco, me moriré, caeré enfermo, me arrojaré al río. Es preciso que me case porque si no, no sé qué haré. Esta es la verdad; creo que no he olvidado nada. Vive en la calle Plumet, cerca de los Inválidos.
El señor Gillenormand se había sentado alegremente al lado de Marius. Al mismo tiempo que le escuchaba y saboreaba el sonido de su voz, saboreaba también un polvo de tabaco.