Los Miserables - Parte 4
Los Miserables - Parte 4 Marius perdió toda esperanza al oír el acento con que fue pronunciado este nunca. Atravesó el cuarto lentamente con la cabeza inclinada, temblando, y más semejante al que se muere que al que se va.
El señor Gillenormand lo siguió con la vista, y en el momento en que se cerraba la puerta, y en que Marius iba a desaparecer, dio cuatro pasos con esa viveza senil de los viejos impetuosos y coléricos, cogió a Marius por el cuello, lo arrojó en un sillón y le dijo:
- ¡Cuéntamelo!
Sólo estas palabras, "padre mío", que se le escaparon a Marius, habían causado esta revolución. Marius lo miró asustado. El abuelo se había convertido en padre.
- Vamos a ver, habla ¡cuéntame tus amores! Dímelo en secreto; dímelo todo. ¡Caramba, qué tontos son los jóvenes!
- ¡Padre! -volvió a decir Marius.
Todo el rostro del anciano se iluminó con un indecible resplandor.
- Sí, eso es; ¡llámame padre y verás!
Había en estas frases algo tan bueno, tan dulce, tan franco, tan paternal, que Marius pasó repentinamente del desánimo a la esperanza.
- Y bien, padre… -dijo Marius.