Los Miserables - Parte 4

Los Miserables - Parte 4

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Se levantó, cogió el sombrero que estaba en el suelo y se dirigió hacia la puerta con paso firme y seguro. Allí se volvió, se inclinó profundamente ante su abuelo, levantó después la cabeza y dijo:

- Hace cinco años insultasteis a mi padre; hoy habéis insultado a mi esposa. No os pido nada más, señor. Adiós.

El señor Gillenormand, estupefacto, abrió la boca, extendió los brazos y trató de levantarse; pero, antes de que hubiera podido pronunciar una palabra, se había cerrado la puerta, y Marius había desaparecido.

El anciano permaneció algunos momentos inmóvil, como si hubiera caído un rayo a sus pies, sin poder hablar ni respirar, como si una mano vigorosa le apretase la garganta.

Por fin, se levantó del sillón y gritó:

- ¡Está loco! ¡Se va! ¡Ay, Dios mío! ¡Ahora ya no volverá! ¡Marius! ¡Marius! ¡Marius! ¡Marius!

Pero Marius ya no podía oírle.

 


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