Los Miserables - Parte 4
Los Miserables - Parte 4 Desde aquel momento la tía Plutarco vio cubrirse el cándido semblante del señor Mabeuf con un velo sombrío que no desapareció nunca más.
Todos los días fue preciso hacer lo mismo. El señor Mabeuf salía con un libro, y volvía con una moneda de plata. Así terminó con toda su biblioteca, tomo a tomo.
En algunos momentos se decía, "menos mal que tengo ochenta años", como si tuviese alguna esperanza de llegar antes al fin de sus días que al fin de sus libros. Pero su tristeza iba en aumento. Pasaron algunas semanas y ya no le quedaba más que el más valioso de sus libros, su Diógenes Laercio. De pronto la tía Plutarco cayó enferma y una tarde el médico recetó una poción muy cara. Además, agravándose la enferma, necesitaba una persona que la cuidara. El señor Mabeuf abrió la biblioteca; sacó su Diógenes y salió. Era el 4 de junio de 1832. Volvió con cien francos que dejó en la mesa de noche de la señora Plutarco.
Al día siguiente se sentó en la piedra del jardín, con la cabeza inclinada, y la vista vagamente fija en sus plantas marchitas. Llovía a intervalos, pero el viejo no lo notaba.
A mediodía estalló en París un ruido extraordinario; se oían tiros de fusil y clamores populares. El señor Mabeuf levantó la cabeza. Vio pasar a un jardinero, y le preguntó: