Los Miserables - Parte 4
Los Miserables - Parte 4 Mientras tanto el grupo crecía a cada instante. Gavroche iba delante de todos, cantando a gritos.
En la calle Billettes, un hombre de alta estatura, que empezaba a encanecer y a quien nadie conocía, se sumó al grupo. Gavroche, distraído con sus cánticos, sus silbidos y sus gritos, con ir el primero, y con llamar en las tiendas con la culata de su pistola sin gatillo, no se fijó en aquel hombre.
Al pasar por la calle Verrerie frente a la casa de Courfeyrac, su portera le gritó:
- Señor Courfeyrac, adentro hay alguien que quiere hablaros.
- ¡Que se vaya al diablo! -dijo Courfeyrac.
- ¡Pero es que os espera hace más de una hora! -exclamó la portera.
Y al mismo tiempo un jovencillo vestido de obrero, pálido, delgado, pequeño, con manchas rojizas en la piel, cubierto con una blusa agujereada y un pantalón de terciopelo remendado, que tenía más bien facha de una muchacha vestida de muchacho que de hombre, salió de la portería, y dijo a Courfeyrac con una voz que no era por cierto de mujer:
- ¿Está con vos el señor Marius?
- No.
- ¿Volverá esta noche?
- No lo sé. Y lo que es yo, no volveré.