Los Miserables - Parte 4
Los Miserables - Parte 4 El señor Mabeuf, pálido, con los ojos extraviados, las pupilas iluminadas con lúgubres fulgores, levantó la bandera por encima de su frente, y repitió:
- ¡Viva la República!
- ¡Fuego! -dijo la voz.
Una segunda descarga semejante a una metralla cayó sobre la barricada.
El anciano se dobló sobre sus rodillas, después se levantó, dejó escapar la bandera de sus manos, y cayó hacia atrás sobre el suelo, inerte, y con los brazos en cruz.
Arroyos de sangre corrieron por debajo de su cuerpo. Su arrugado rostro, pálido y triste, pareció mirar al cielo.
Enjolras elevó la voz, y dijo:
- Ciudadanos: éste es el ejemplo que los viejos dan a los jóvenes. Estábamos dudando, y él se ha presentado; retrocedíamos, y él ha avanzado. ¡Ved aquí lo que los que tiemblan de vejez enseñan a los que tiemblan de miedo! Este anciano es augusto a los ojos de la patria; ha tenido una larga vida, y una magnífica muerte. ¡Retiremos ahora el cadáver, y que cada uno de nosotros lo defienda como defendería a su padre vivo; que su presencia haga inaccesible nuestra barricada!
Un murmullo de triste y enérgica adhesión siguió a estas palabras.