Los Miserables - Parte 4

Los Miserables - Parte 4

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Cosette estaba acostumbrada ya al aspecto enigmático de su destino, y apenas notaba las rarezas de su padre. En cuanto a Santos, veneraba a Jean Valjean y hallaba bueno todo lo que hacía.

Ninguno de los tres entraban o salían más que por la puerta trasera que daba a la calle de Babilonia; de modo que, de no verlos por la verja del jardín, era difícil adivinar que vivían en la calle Plumet. Esta verja estaba siempre cerrada, y Jean Valjean dejó el jardín sin cultivar para que no llamara la atención. Tal vez se equivocó.

Este jardín, abandonado a sí mismo por más de medio siglo, se había transformado en algo extraordinario y encantador. Los que pasaban frente a esa antigua verja cerrada con candado, se detenían a contemplar aquella verde espesura.

Había un banco de piedra en un rincón y dos o tres estatuas enmohecidas. La naturaleza había invadido todo; las zarzas subían por los troncos de los árboles cuyas ramas bajaban hasta el suelo; ramillas, troncos, hojas, sarmientos, espinas, todo se entremezclaba en este apogeo de la maleza, y hacía que en un pequeño jardín parisiense reinara la majestad de un bosque virgen.


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