Los Miserables - Parte 5
Los Miserables - Parte 5 - ¡En familia! No. No tengó familia. No pertenezco a la vuestra. No pertenezco a la familia de los hombres. Estoy de sobra en las casas donde se vive en común. Hay familias, mas no para mí. Soy el miserable, el extraño. Apenas sé si he tenido padres. El día en que casé a esa niña, todo terminó; la vi dichosa, unida al hombre a quien ama, y junto a ambos ese buen anciano, y me dije: Tú no debes entrar. Fácil me era mentir, engañarlos a todos, seguir siendo el señor Fauchelevent. Mientras fue por el bien de ella, he mentido; pero hoy que se trata sólo de mí, no debo hacerlo. Me preguntáis quién me ha obligado a hablar. Os contesto que es algo muy raro: mi conciencia. Pasé la noche buscando buenas razones; se me han ocurrido algunas excelentes; pero no he logrado ni romper el hilo que aprisiona mi corazón, ni hacer callar a alguien que me habla cuando estoy solo. Por eso he venido a decíroslo todo, o casi todo; pues lo que concierne únicamente a mi persona me lo guardo. Sabéis lo esencial. Os he revelado mi secreto. Bastante me ha costado decidirme, he luchado toda la noche. Sí, seguir siendo Fauchelevent arreglaba todo, todo menos mi alma. ¡Ah! ¿Pensáis que callar es fácil? Hay un silencio que miente y había que mentir, ser embustero, indigno, vil, traidor en todas partes, de noche, de día, mirando cara a cara a Cosette. ¿Y para qué? ¡Para ser feliz! ¿Acaso tengo ese derecho? No. En cambio así no soy sino el más infeliz de los hombres, en el otro caso hubiera sido el más monstruoso.