Los Miserables - Parte 5
Los Miserables - Parte 5 Jean Valjean se detuvo un instante, luego siguió con una voz siniestra.
- No soy perseguido, decÃs. ¡SÃ, soy perseguido, y acusado y denunciado! ¿Por quién? Por mÃ. Yo mismo me he cerrado el camino. No hay mejor carcelero que uno mismo. Para ser feliz, señor, se necesita no comprender el deber, porque una vez comprendido, la conciencia es implacable. Se dirÃa que os castiga, pero no, os recompensa; os lleva a un infierno donde se siente junto a sà a Dios.
Y con indecible acento añadió:
- Señor de Pontmercy; esto no tiene sentido común; soy un hombre honrado. Degradándome a vuestros ojos, me elevo a los mÃos. Esto me sucedió ya antes. SÃ, soy un hombre honrado. No lo serÃa si por mi culpa hubieseis continuado estimándome; ahora que me despreciáis, lo soy. Tengo la fatalidad de que no pudiendo jamás poseer sino una consideración robada, esa consideración me humilla y agobia interiormente, y necesito, para el respeto propio, el desprecio de los demás. Entonces alzo la frente. Soy un presidiario que obedece a su conciencia; caso raro, lo sé. He contraÃdo compromisos conmigo mismo y los cumplo. Hay encuentros que nos ligan, y casualidades que nos impulsan por el camino del deber.