Los Miserables - Parte 5
Los Miserables - Parte 5 Cosette se sentó en las rodillas del anciano, separó sus cabellos blancos con un gesto adorable, y le besó la frente. Jean Valjean extasiado, no se oponía, y balbuceaba:
- ¡Qué tonto soy! Creía que no la volvería a ver. Figuraos, señor de Pontmercy, que en el mismo momento en que entrabais, me decía: "¡Todo se acabó! Ahí está su trajecito; soy un miserable, y no veré más a Cosette". Decía esto mientras subíais la escalera. ¿No es verdad que me había vuelto idiota? No se cuenta con la bondad infinita de Dios. Dios dijo: "¿Crees que te van a abandonar, tonto? No. No puede ser así. Este pobre viejo necesita a su ángel". ¡Y el ángel vino, y he vuelto a ver a mi Cosette, a mi querida Cosette! ¡Ah, cuánto he sufrido!
Estuvo un instante sin poder hablar; luego continuó:
- Tenía realmente necesidad de ver a Cosette un rato, de tiempo en tiempo. Sin embargo, sabía que estaba de sobra, y decía en mis adentros: "No te necesitan, quédate en tu rincón, nadie tiene derecho a eternizarse". ¡Ah, Dios de mi alma! ¡La vuelvo a ver! ¿Sabes, Cosette, que tu marido es un joven apuesto? ¡Ah! Llevas un bonito cuello bordado, me gusta mucho. Señor de Pontmercy, permitidme que la tutee; será por poco tiempo.