Los Miserables - Parte 5
Los Miserables - Parte 5 - ¿Qué queréis decir? -dijo Marius-. Se acabarán los viajes. No os volveréis a separar de nosotros. Nos pertenecéis, y no os soltaremos.
- Esta vez -añadió Cosette-, emplearé la fuerza si es necesario.
Y riéndose, hizo ademán de coger al anciano en sus brazos.
- Vuestro cuarto está tal como estaba -continuó-. ¡Si supieseis qué bonito se ha puesto ahora el jardín! ¡Cuántas flores! Un petirrojo anidó en un agujero de la pared y un horrendo gato se lo comió. ¡Lloré tanto! Padre, vais a venir con nosotros. ¡Cómo va a alegrarse el abuelo! Tendréis vuestro lugar propio en el jardín y lo cultivaréis, veremos si vuestras fresas valen tanto como las mías. Una vez en casa, yo haré cuanto queráis, y vos me obedeceréis. ¿Verdad que sí?
Jean Valjean la escuchaba sin oírla. Percibía la música de su voz sin casi comprender el sentido de sus palabras y una de esas gruesas lágrimas, sombrías perlas del alma, se formaba lentamente en sus ojos.
- ¡Dios es bueno! -murmuró.
- ¡Padre querido! -dijo Cosette.
Jean Valjean prosiguió: