Los Miserables - Parte 5
Los Miserables - Parte 5 - Sois muy buenos -dijo Jean Valjean-. Voy a explicaros lo que me ha causado viva pena. Señor de Pontmercy, me la ha causado que no hayáis querido tocar ese dinero. Ese dinero es de vuestra mujer. Esta es una de las razones, hijos míos, por la que me he alegrado tanto de veros. El azabache negro viene de Inglaterra y el azabache blanco de Noruega. En el papel que veis ahí consta todo esto. Para los brazaletes inventé sustituir los colgantes simplemente enlazados a los colgantes soldados. Es más bonito, mejor y menos caro. Ya comprenderéis cuánto dinero puede ganarse. Por tanto, la fortuna de Cosette es suya, legítimamente suya. Os refiero estos pormenores para que os tranquilicéis.
Había entrado la portera y miraba desde el umbral. Dijo al moribundo:
- ¿Queréis un sacerdote?
- Tengo uno -respondió Jean Valjean.
Es probable, en realidad, que el obispo lo estuviera asistiendo en su agonía. Cosette, con mucha suavidad, le puso una almohada bajo los riñones. Jean Valjean continuó:
- Señor de Pontmercy, no temáis nada, os lo suplico. Los seiscientos mil francos son de Cosette. Si no disfrutaseis de ellos, resultaría perdido todo el trabajo de mi vida. Habíamos conseguido fabricar con singular perfección los abalorios, y rivalizábamos con los de Berlín.