Los Miserables - Parte 1
Los Miserables - Parte 1 - ¡Socorro! -gritó Fauchelevent-. ¿Quién es tan bueno que quiera salvar a este viejo?
El señor Magdalena se volvió hacia los concurrentes:
- ¿No hay una grúa? -dijo.
- Ya fueron a buscarla -respondió un aldeano.
- ¿Cuánto tiempo tardarán en traerla?
- Un buen cuarto de hora.
- ¡Un cuarto de hora! -exclamó Magdalena.
Había llovido la víspera, el suelo estaba húmedo, y el carro se hundía en la tierra a cada instante, y comprimía más y más el pecho del viejo carretero. Era evidente que antes de cinco minutos tendría las costillas rotas.
- Es imposible aguardar un cuarto de hora -dijo Magdalena a los aldeanos que miraban-. Todavía hay espacio debajo del carro para que se meta allí un hombre y la levante con su espalda. Es sólo medio minuto y alcanza a salir ese pobre. ¿Hay alguien que tenga hombros fuertes y corazón? Ofrezco cinco luises de oro.
Nadie chistó en el grupo.
- ¡Diez luises! -dijo Magdalena.
Los asistentes bajaron los ojos. Uno de ellos murmuró:
- Muy fuerte habría de ser. Se corre el peligro de quedar aplastado…