Los Miserables - Parte 1
Los Miserables - Parte 1 Las Hermanas la habían recibido y cuidado con repugnancia. Quien haya visto los bajorrelieves de la Catedral de Reims, recordará la mueca despectiva en los labios de las vírgenes prudentes mirando a las necias.
Este antiguo desprecio es uno de los más profundos instintos de la dignidad femenina, y las religiosas no pudieron controlarlo. Pero en pocos días Fantina las desarmó con las palabras dulces y humildes que repetía en su delirio:
- He sido una pecadora, pero cuando tenga a mi hija a mi lado sabré que Dios me ha perdonado. Sentiré su bendición cuando Cosette esté conmigo, porque ella es un ángel.
Magdalena la visitaba dos veces al día, y cada vez le preguntaba:
- ¿Veré luego a mi Cosette?
La respuesta era:
- Quizá mañana. Llegará de un momento a otro.
- ¡Oh, qué feliz voy a ser!
Pero su estado se agravaba día a día. Una mañana el médico la examinó y movió tristemente la cabeza.
- ¿No tiene ella una hija a quien desea ver? -preguntó llevando aparte al señor Magdalena.
- Sí.