Los Miserables - Parte 1
Los Miserables - Parte 1 - ¿Y era nuestra esa platerÃa?
La señora Magloire se quedó sin palabras; y el obispo añadió:
- Señora Magloire; yo retenÃa injustamente desde hace tiempo esa platerÃa. PertenecÃa a los pobres. ¿Quién es ese hombre? Un pobre, evidentemente.
- ¡Ay, Jesús! -dijo la señora Magloire-. No lo digo por mà ni por la señorita, porque a nosotras nos da lo mismo; lo digo por Vuestra Grandeza. ¿Con qué vais a comer ahora, monseñor?
El obispo la miró como asombrado.
- Pues, ¿no hay cubiertos de estaño?
La señora Magloire se encogió de hombros.
- El estaño huele mal.
- Entonces de hierro.
La señora Magloire hizo un gesto expresivo:
- El hierro sabe mal.
- Pues bien -dijo el obispo-, cubiertos de palo.
Algunos momentos después se sentaba en la misma mesa a que se habÃa sentado Jean Valjean la noche anterior. Mientras desayunaba, monseñor Bienvenido hacÃa notar alegremente a su hermana, que no hablaba nada, y a la señora Magloire, que murmuraba sordamente, que no habÃa necesidad de cuchara ni de tenedor, aunque fuesen de madera, para mojar un pedazo de pan en una taza de leche.