Nuestra Señora de París
Nuestra Señora de París Era, como hoy, un trapecio irregular bordeado en uno de sus lados por el muelle y en los otros tres por una serie de casas altas, estrechas y sombrías. De día se podía admirar la variedad de sus edificios, todos esculpidos en piedra o tallados en madera, y que presentaban ya completas muestras de las diferentes arquitecturas domésticas de la Edad Media, que se remontaban desde el siglo XV hasta el XI, desde el crucero que comenzaba a destronar la ojiva hasta el arco de medio punto románico, que había sido reemplazado por el ojival y que todavía ocupaba, bajo este último, el primer piso de aquella antigua casa de la Tour-Roland, en la esquina que forma la plaza que da al Sena con la calle Tannerie. De noche solo se distinguía, de esa masa de edificios, la silueta negra de los tejados desplegando alrededor de la plaza su cadena de ángulos agudos. Pues una de las diferencias radicales entre las ciudades de entonces y las ciudades de ahora es que en la actualidad son las fachadas las que dan a las plazas y las calles, mientras que antes eran las paredes de los hastiales. Desde hace dos siglos, las casas han dado un cuarto de vuelta.