Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs Pero bajo este pensamiento, sin duda el primero y el más elemental, habÃa, en nuestra opinión, otro más nuevo, un corolario del primero más difÃcil de percibir y más fácil de rebatir, una visión igualmente filosófica ya no solo del sacerdote, sino del erudito y del artista. Era el presentimiento de que el pensamiento humano, al cambiar de forma, iba a cambiar su modo de expresión; de que la idea capital de cada generación ya no se escribirÃa con la misma materia y de la misma manera; de que el libro de piedra, tan sólido y duradero, iba a ceder el puesto al libro de papel, más sólido y más duradero aún. Desde esta perspectiva, la vaga frase del arcediano tenÃa un segundo sentido; significaba que un arte iba a destronar a otro arte. QuerÃa decir: La imprenta matará a la arquitectura.
En efecto, desde el origen de las cosas hasta el siglo XV de la era cristiana inclusive, la arquitectura es el gran libro de la humanidad, la expresión principal del hombre en sus diferentes estadios de desarrollo, ya sea como fuerza o como inteligencia.
Cuando la memoria de las primeras generaciones se sintió sobrecargada, cuando el bagaje de los recuerdos del género humano se hizo tan pesado y confuso que la palabra, desnuda y flotante, corrÃa el peligro de perder algunos por el camino, los transcribieron sobre el suelo de la forma más visible, más duradera y más natural a la vez. Sellaron cada tradición bajo un monumento.