Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs Nuestros lectores nos perdonarán que nos detengamos un momento para tratar de averiguar cuál podÃa ser el pensamiento que se escondÃa tras aquellas palabras enigmáticas del arcediano: «Esto matará a eso. El libro matará al edificio».
A nuestro entender, este pensamiento tenÃa dos caras. Era, en primer lugar, un pensamiento de sacerdote. Era el pavor del sacerdocio ante un agente nuevo, la imprenta. Era el terror y el deslumbramiento del hombre del santuario ante la prensa luminosa de Gutenberg. Era el púlpito y el manuscrito, la palabra hablada y la palabra escrita, alarmadas por la palabra impresa; algo semejante al estupor de un pajarillo que viera al ángel Legión abrir sus seis millones de alas. Era el grito del profeta que ya oye runrunear y bullir a la humanidad emancipada, que ve en el futuro a la inteligencia socavando a la fe, a la opinión destronando a la creencia, al mundo zarandeando a Roma. Pronóstico del filósofo que ve el pensamiento humano, volatilizado por la imprenta, evaporarse del recipiente teocrático. Terror del soldado que examina el ariete de bronce y dice: La torre caerá. Aquello significaba que un poder iba a suceder a otro poder. Aquello querÃa decir: La imprenta matará a la Iglesia.