Nuestra Señora de París

Nuestra Señora de París

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Tomemos, por ejemplo, la Edad Media, donde vemos con más claridad porque está más cerca de nosotros. Durante el primer período, mientras la teocracia organiza Europa, mientras el Vaticano reúne y reordena a su alrededor los elementos de una Roma hecha con la Roma que yace derrumbada alrededor del Capitolio, mientras el cristianismo se aleja buscando en los escombros de la civilización anterior todas las capas de la sociedad y reconstruye con esas ruinas un nuevo universo jerárquico cuya piedra angular es el sacerdocio, primero oímos brotar en ese caos y luego, poco a poco, bajo el soplo del cristianismo, bajo la mano de los bárbaros, vemos surgir de los escombros de las arquitecturas muertas, griega y romana, esta misteriosa arquitectura románica, hermana de las construcciones teocráticas de Egipto y de la India, emblema inalterable del catolicismo puro, inmutable jeroglífico de la unidad papal. Todo el pensamiento de entonces está escrito, efectivamente, en ese sombrío estilo románico. Se percibe por doquier en él la autoridad, la unidad, lo impenetrable, lo absoluto, a Gregorio VII; por doquier al sacerdote, jamás al hombre; por doquier la casta, jamás al pueblo. Pero llegan las cruzadas. Es un gran movimiento popular, y todo gran movimiento popular, cualesquiera que sean su causa y su fin, despide siempre de su último precipitado el espíritu de libertad. Se abrirán paso novedades. Comienza el período tormentoso de las jacqueries, las praguerías y las ligas. La autoridad se tambalea, la unidad se bifurca. El feudalismo exige compartir con la teocracia, en espera del pueblo que surgirá inevitablemente y que se llevará, como siempre, la parte del león. Quia nominor leo.[68] El señorío asoma, pues, bajo el sacerdocio; la comuna, bajo el señorío. La faz de Europa ha cambiado. Y la faz de la arquitectura ha cambiado también. Igual que ha hecho la civilización, ha pasado página, y el espíritu nuevo de la época la encuentra dispuesta a escribir bajo su dictado. Ha vuelto de las cruzadas con la ojiva, de la misma forma que las naciones han vuelto con la libertad. Entonces, mientras Roma se desmiembra poco a poco, la arquitectura románica muere. El jeroglífico abandona la catedral y se va a blasonar el torreón para dar prestigio al feudalismo. La propia catedral, ese edificio antaño tan dogmático, invadida ahora por la burguesía, por la comuna, por la libertad, escapa del sacerdote y cae en poder del artista. El artista la construye a su antojo. Adiós al misterio, al mito, a la ley. Han llegado la fantasía y el capricho. Con tal de tener su basílica y su altar, el sacerdote no tiene nada que decir. Los cuatro muros son del artista. El libro arquitectónico ya no pertenece al sacerdocio, a la religión, a Roma; es de la imaginación, de la poesía, del pueblo. De ahí las rápidas e innumerables transformaciones de esa arquitectura que solo tiene tres siglos, tan sorprendentes después de la inmovilidad estancada de la arquitectura románica, que tiene seis o siete. El arte, sin embargo, avanza a paso de gigante. El genio y la originalidad populares hacen el trabajo que hacían los obispos. Cada generación escribe, al pasar, su línea en el libro; tacha los viejos jeroglíficos románicos en el frontispicio de las catedrales, y como mucho se ve todavía asomar el dogma acá y allá bajo el nuevo símbolo que deposita en él. El ropaje popular a duras penas permite adivinar la osamenta religiosa. No podemos hacernos una idea de las licencias que se toman entonces los arquitectos, aun con la iglesia. Capiteles atestados de monjes y monjas vergonzosamente acoplados, como en la sala de las Chimeneas del Palacio de Justicia de París. La aventura de Noé esculpida «con todas las letras», como en el gran pórtico de la catedral de Bourges. Un monje ebrio con orejas de burro y el vaso en la mano riéndose en las narices de toda una comunidad, como en la pila de abluciones de la abadía de Bocherville. Existe en esta época, para el pensamiento escrito en piedra, un privilegio absolutamente comparable a la libertad actual de la imprenta. Es la libertad de la arquitectura.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker