Nuestra Señora de París
Nuestra Señora de París Toda civilización comienza por la teocracia y termina por la democracia. Esta ley de la libertad sucediendo a la unidad está escrita en la arquitectura. Pues no hay que creer —insistimos en este punto— que la albañilería solo tiene poder para edificar el templo, para expresar el mito y el simbolismo sacerdotal, para transcribir en jeroglíficos sobre sus páginas de piedra las tablas misteriosas de la ley. Si fuera así, puesto que en toda sociedad humana llega un momento en que el símbolo sagrado se gasta y se oblitera bajo el libre pensamiento, en que el hombre se zafa del sacerdote, en que la excrecencia de las filosofías y de los sistemas corroe la faz de la religión, la arquitectura no podría reproducir este nuevo estado del espíritu humano, sus páginas, repletas por el anverso, estarían vacías por el reverso, su obra se vería truncada, su libro quedaría incompleto. Pero no.