Nuestra Señora de París
Nuestra Señora de París El resumen de lo expuesto hasta aquí muy someramente, pasando por alto mil pruebas y también mil objeciones, nos lleva a decir: que la arquitectura ha sido hasta el siglo XV el registro principal de la humanidad; que en ese intervalo no ha aparecido en el mundo un pensamiento mínimamente complicado que no se haya hecho edificio; que toda idea popular, como toda ley religiosa, ha tenido sus monumentos; que el género humano, en fin, no ha pensado nada importante que no haya escrito en piedra. ¿Y por qué? Porque todo pensamiento, sea religioso o filosófico, tiene interés en perpetuarse, porque la idea que ha conmocionado a una generación quiere conmocionar a otras y dejar huella. ¡Y qué precaria inmortalidad la del manuscrito! ¡Un edificio es un libro mucho más sólido, duradero y resistente! Para destruir la palabra escrita bastan una antorcha y un turco. Para demoler la palabra construida, hace falta una revolución social, una revolución terrestre. Los bárbaros pasaron sobre el Coliseo, el diluvio tal vez sobre las pirámides.
En el siglo XV todo cambia.
El pensamiento humano descubre un medio de perpetuarse no solo más duradero y resistente que la arquitectura, sino también más fácil y sencillo. La arquitectura es destronada. A las letras de piedra de Orfeo sucederán las letras de plomo de Gutenberg.
El libro matará al edificio.