Nuestra Señora de París
Nuestra Señora de París Para circunscribirnos a la celda de la Tour-Roland, debemos decir que nunca había estado falta de reclusas. Desde la muerte de Rolande, raras veces había permanecido uno o dos años vacante. Muchas mujeres habían ido allí a llorar hasta la muerte por unos padres, unos amantes o unas faltas cometidas. La maledicencia parisiense, que se inmiscuye en todo, incluso en las cosas que menos le incumben, afirmaba que se había visto encerradas allí a pocas viudas.
Conforme a la moda de la época, una inscripción latina en la pared indicaba al transeúnte letrado el destino piadoso de esta celda. Hasta mediados del siglo XVI se mantuvo la costumbre de explicar un edificio mediante una breve leyenda escrita encima de la puerta. Así, todavía leemos en Francia, encima de la ventanilla de la prisión de la casa señorial de Tourville: Sileto et spera;[78] en Irlanda, bajo el escudo que corona la gran puerta del castillo de Fortescue: Forte scutum, salus ducum;[79] y en Inglaterra, sobre la entrada principal de la mansión hospitalaria de los condes de Cowper: Tuum est.[80] Y es que entonces todo edificio era un pensamiento.
Como en la celda tapiada de la Tour-Roland no había puerta, habían grabado en grandes letras romanas encima de la ventana estas dos palabras:
TU, ORA.[81]