Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs —Muy rústicamente vestida —dijo Diane de Christeuil riendo y mostrando sus bonitos dientes.
Esta reflexión fue un rayo de luz para las demás. Les hizo ver el lado vulnerable de la egipcia. Como no podÃan atacarla por su belleza, arremetieron contra su vestimenta.
—Es verdad, pequeña —dijo Amelotte de Montmichel—, ¿dónde has aprendido a andar por las calles sin camisola y sin gola?
—Y con una falda tan corta que da frÃo verla —añadió Colombe de Gaillefontaine.
—Querida —prosiguió con bastante acritud Flor de Lis—, os exponéis a que os arresten los soldados de la docena por llevar ese cinturón dorado.
—Pequeña, pequeña —intervino de nuevo Diane de Christeuil con una sonrisa implacable—, si te cubrieras decentemente los brazos con unas mangas, estarÃan menos quemados por el sol.