Nuestra Señora de París
Nuestra Señora de París Un día, por fin, o una noche (pues noche y día tenían el mismo color en aquel sepulcro), oyó por encima de ella un ruido más fuerte que el que hacía habitualmente el carcelero cuando le llevaba pan y agua. Levantó la cabeza y vio pasar un rayo rojizo a través de las rendijas de la especie de puerta o trampilla practicada en la bóveda del in-pace.
Al mismo tiempo se oyó crujir la cerradura, la pesada trampilla de hierro chirrió al girar sobre sus oxidados goznes, se abrió, y Esmeralda vio una linterna, una mano y la parte inferior del cuerpo de dos hombres, pues la puerta era demasiado baja para que pudiese ver sus cabezas. La luz la hirió tan vivamente que cerró los ojos.