Nuestra Señora de París
Nuestra Señora de París Todos estos detalles, que describimos aquí sin ambages para edificación del lector, quedaban tan cubiertos por el bullicio general que se perdían en él antes de llegar al estrado reservado para las personalidades. En cualquier caso, poco le habrían impresionado al cardenal, dado lo arraigadas que estaban en las costumbres las libertades de ese día. Tenía, por lo demás, y se veía reflejado en su rostro, otra preocupación que lo seguía de cerca y que entró casi al mismo tiempo que él en el estrado. Era la embajada de Flandes.