Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs Allà es donde, tras su carrera triunfal y desenfrenada por torres y galerÃas, Quasimodo habÃa depositado a Esmeralda. Mientras aquella carrera habÃa durado, la muchacha no habÃa recobrado el sentido, estaba medio adormilada y medio despierta, lo único que sentÃa era que subÃa, que flotaba en el aire, que volaba, que algo la elevaba por encima de la tierra. De vez en cuando oÃa la risa sonora y la voz potente de Quasimodo en su oÃdo; entreabrÃa entonces los ojos y veÃa confusamente debajo de ella un ParÃs salpicado de cientos de tejados de pizarra y de tejas, como un mosaico rojo y azul, y sobre su cabeza la cara horrible y alegre de Quasimodo. Sus párpados se cerraban de nuevo tras esta visión; creÃa que todo habÃa terminado, que la habÃan ejecutado durante su desvanecimiento y que el deforme espÃritu que habÃa presidido su destino se habÃa apoderado de ella y se la llevaba. No se atrevÃa a mirarlo y se dejaba hacer.