Nuestra Señora de París

Nuestra Señora de París

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

La pequeña corte de sotanas al completo se extasió con el juego de palabras. El cardenal se sintió un poco aliviado; había quedado en paz con Coppenole, su retruécano también había sido aplaudido.

Permítannos ahora aquellos de nuestros lectores que poseen la capacidad de generalizar una imagen y una idea, como se dice en el estilo de hoy en día, preguntarles si se imaginan con toda claridad el espectáculo que ofrecía, en el momento en que llamamos su atención, el vasto paralelogramo de la Gran Sala del palacio. En el centro, adosado a la pared occidental, un amplio y magnífico estrado de brocado de oro en el que van entrando en procesión, por una pequeña puerta ojival, graves personajes sucesivamente anunciados por la voz chillona de un ujier. En los primeros bancos, muchas venerables cabezas ya, tocadas de armiño, de terciopelo y de escarlata. Alrededor del estrado, que permanece silencioso y digno, abajo, enfrente, por todas partes, un gran gentío y un gran bullicio. Mil miradas del pueblo sobre cada rostro del estrado, mil murmullos al sonar cada nombre. Ciertamente, el espectáculo es curioso y merece de sobra la atención de los espectadores. Pero ¿qué es esa especie de tablado, allá, al fondo de todo, con cuatro fantoches abigarrados encima y otros cuatro debajo? ¿Quién es ese hombre con ropilla negra y pálido semblante que se encuentra junto al tablado? ¡Ay, querido lector! Es Pierre Gringoire y su prólogo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker