Ultimo dia de un condenado a muerte
Ultimo dia de un condenado a muerte En lo bajo de la escalera, un carruaje con rejas, negro y sucio, me esperaba. En el momento de subir, eché una mirada, al azar, sobre la plaza.
—¡Un condenado a muerte! —gritaban los transeúntes, corriendo hacia el carruaje.
A través de la nube que sentÃa interpuesta entre las cosas y yo, distinguà a dos jovencitas que me seguÃan con ojos ávidos.
—Bueno —dijo la más joven—, ¡será dentro de seis semanas!
Â
Â
III
Â
¡Condenado a muerte!
Pues bien, ¿por qué no? «Los hombres —recuerdo haber leÃdo en no sé qué libro carente por lo demás de interés—, los hombres son todos condenados a muerte con sentencias suspendidas indefinidamente». Asà pues, ¿qué es lo que tanto ha cambiado en mi situación?