En el amor y en la guerra (La catedral del mar 3)
En el amor y en la guerra (La catedral del mar 3) El guía es Paolo, un muchacho napolitano de quince años con los pies descalzos y la mirada endurecida por la miseria. Fue él quien reveló al rey Alfonso el camino secreto hacia el corazón de la ciudad sitiada, traicionando a los suyos por una promesa de libertad. Y ahora, su vida cuelga del fino hilo de la confianza que le otorga Arnau.
El plan es arriesgado. Infiltrarse por el subsuelo, llegar al punto más vulnerable de la muralla, abrir una brecha y permitir que el ejército aragonés conquiste Nápoles desde dentro. La oscuridad huele a metal, a miedo, a historia antigua. Y cada paso se da con el sigilo de quien camina entre los muertos.
Llegan a la torre de Santa Sofía. El ascenso es brutal. La sorpresa, casi perfecta. Pero la reacción angevina es inmediata. Desde lo alto, los defensores bombardean sin tregua.
—¡Seguidores vencen! —grita Arnau, espada en alto, cuerpo y alma en el combate.
La batalla es una danza de sangre y acero. Paolo, entre las piernas de los soldados, arriesga su vida recogiendo saetas para los ballesteros. Es solo un niño, pero actúa con el coraje de un veterano.
—¡Fuera de aquí! —le ordena Arnau al verlo en medio del fuego cruzado.
—¡Los de la torre necesitan flechas! —responde él, sin miedo, con las manos llenas de muerte.
