En el amor y en la guerra (La catedral del mar 3)
En el amor y en la guerra (La catedral del mar 3) La torre resiste, pero al precio de decenas de vidas. Arnau ve caer a sus hombres, los que ha formado, los que ha alimentado con historias de honor. Cuando todo parece perdido, cuando la rendición asoma como única salida, una sonrisa de Paolo lo arrastra de vuelta al combate. Y entonces, desde el otro lado de la ciudad, estalla el clamor:
—¡San Gennaro ha caÃdo!
La victoria es suya.
La entrada a Nápoles se tiñe de saqueo. Los soldados, embriagados por el triunfo, violan, roban, destruyen. Arnau, herido pero en pie, recorre la ciudad exigiendo orden. La sangre le empapa la axila, pero aún cabalga con la misma firmeza que en el campo de batalla.
El rey Alfonso ordena cesar el saqueo. Demuestra ser más que un guerrero: un monarca que busca gobernar, no destruir. Arnau, su hombre de confianza, es llamado a ocupar un palacio napolitano: el de los Domenni, enemigos jurados de su causa. En ese espacio robado, con jardines ocultos y muros cargados de sÃmbolos franceses, se gesta el nuevo hogar de los Estanyol.
—Nos quedamos —dicta Arnau.