El hombre mediocre
El hombre mediocre Ninguna clasificación es justa. Variando el clima y la hora puede ocurrir la aparición de uno u otro orden de genialidad, de acuerdo con la función social que la suscita; y, siendo la más oportuna, es siempre la más fecunda. Conviene renunciar a toda estratificación jerárquica de los genios, afirmando su diferencia y admirándolos por igual: más allá de cierto nivel todas las cumbres son excelsas. Nadie, si no fueran ellos mismos, podrÃa creerse habilitado para decretarles rangos y desniveles.
Ellos se despreocupan de estas pequeñeces; el problema es insoluble por definición.