El hombre mediocre
El hombre mediocre La fe es llama que enciende y el fanatismo es ceniza que apaga. La fe es una dignidad y el fanatismo es un renunciamiento. La fe es una afirmación individual de alguna verdad propia y el fanatismo es una conjura de huestes para ahogar la verdad de los demás.
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Frente a la domesticación del carácter que rebaja el nivel moral de las sociedades contemporáneas, todo homenaje a los hombres de genio que impendieron su vida por la Libertad y por la Ciencia, es un acto de fe en su Porvenir: sólo en ellos pueden tomarse ejemplos morales que contribuyan al perfeccionamiento de la Humanidad. Cuando alguna generación siente un hartazgo de chatura, de doblez, de servilismo, tiene que buscar en los genios de su raza los sÃmbolos de pensamiento y de acción que la templen para nuevos esfuerzos.
Todo hombre de genio es la personificación suprema de un Ideal. Contra la mediocridad, que asedia a los espÃritus originales, conviene fomentar su culto; robustece las alas nacientes. Los más altos destinos se templan en la fragua de la admiración. Poner la propia fe en algún ensueño, apasionadamente, con la irás honda emoción, es ascender hacia las cumbres donde aletea la gloria. Enseñando a admirar el genio, la santidad y el heroÃsmo, prepáranse climas propios a su advenimiento.