Nuestro lugar en el mundo
Nuestro lugar en el mundo —Perfecto. Porque tú a mí tampoco —responde Luka, con una sonrisa torcida que dice todo lo contrario.
La tensión se convierte en juego. En deseo contenido. En algo que arde bajo la superficie, esperando una chispa. Y esa chispa llega.
Un día cualquiera, sin excusas ni pactos, simplemente ocurre. El roce de una mano. Una mirada sostenida por más tiempo del debido. Una confesión sin palabras. Se besan, y esta vez no es un error ni un escape. Es un punto de no retorno. La frontera entre el “hacer como si” y el “esto está ocurriendo”.
No hablan mucho después. No lo necesitan. El lenguaje entre ellos ha evolucionado a algo más sutil. Más íntimo. Y aunque ambos sienten que se están acercando a algo real, ninguno se atreve a ponerle nombre.
Mientras tanto, el mundo exterior se agita. Luka recibe una llamada inesperada que lo obliga a mirar de frente a la vida que ha estado evitando: una oportunidad de volver a tocar con su antigua banda. Nora lidia con la presión de su familia, con una hermana que la eclipsa sin querer y una madre cuya salud se deteriora día a día.
Pero por un momento, se permiten ignorar todo eso. Viven una ilusión que parece casi feliz. Una burbuja donde todo es posible. Se apoyan. Se ríen. Se desean.