Fundación
Fundación Mientras los líderes debatían frenéticamente, Hardin caminó hacia la ventana de la sala de reuniones. Miró las estrellas, sabiendo que el futuro de la Fundación pendía de un hilo.
—No podemos retroceder —susurró para sí mismo.
Los engranajes de la historia seguían girando. Y en Términus, la Fundación estaba a punto de enfrentarse a su prueba más peligrosa.
La flota imperial llegó como una sombra. Decenas de naves se desplegaron en los bordes del sistema de Términus, sus armas apuntando al pequeño asentamiento que aún luchaba por establecerse. Para los colonos, era un recordatorio brutal de que el Imperio, aunque debilitado, aún tenía poder para aplastar mundos enteros si lo deseaba.
En la sala de mando, Salvor Hardin estudiaba las lecturas del radar. Su rostro, calmado, no dejaba entrever la tormenta que se libraba en su mente.
—No podemos enfrentarnos a ellos —dijo un joven oficial, su voz quebrándose mientras señalaba la pantalla—. Nos arrasarán.
Hardin no apartó la mirada de las naves proyectadas frente a él.
—No si jugamos bien nuestras cartas —respondió.
