Fundación
Fundación Dorwin lo observó en silencio. Y entonces, lentamente, asintió.
—Tal vez tenga razón, alcalde.
Cuando Hardin regresó a Términus, fue recibido con vítores. Había logrado lo imposible: no solo sobrevivir, sino asegurar la posición de la Fundación como un poder imprescindible en la galaxia. Pero mientras los colonos celebraban, Hardin sabía que esto era solo el comienzo. Las sombras del Imperio aún se cernían sobre ellos, y las verdaderas pruebas estaban por venir.
El silencio era casi absoluto en la sala de reuniones de Términus. Salvor Hardin había logrado un acuerdo con el Imperio, pero la tensión en la Fundación seguía creciendo. Las facciones internas se agitaban como un incendio latente. La paz frágil que Hardin había negociado era vista por algunos como un acto de genio y por otros como una traición al propósito original de Hari Seldon.
Lewis Pirenne, ahora abiertamente desafiante, reunió a sus seguidores en las calles del asentamiento.
—Hardin nos ha convertido en títeres —gritó, con el puño en alto—. La Fundación nació para preservar el conocimiento, no para someternos a los caprichos de otros mundos. ¡Es hora de recuperar el control!
