Viaje alucinante
Viaje alucinante El Proteus, herido y con sus tripulantes al lÃmite, se adentra en los vasos cerebrales. Todo se estrecha. El margen de error desaparece. Las paredes arteriales parecen moverse, pulsar, cerrarse sobre ellos. Cada latido es una amenaza. Cada curva, un precipicio.
—Quedan dieciocho minutos —informa Michaels con voz seca—. Si no salimos antes de que el efecto de miniaturización se revierta...
No hace falta terminar la frase.
Duval prepara el láser quirúrgico. Su precisión será lo único que se interponga entre la vida y la muerte de Benes. Pero mientras calibra el instrumento, Cora lo interrumpe:
—Esa no es la configuración que pedÃ. ¿Quién la modificó?
Silencio. Nadie responde. Grant mira a cada uno con intensidad, como si pudiera perforar sus pensamientos.
—La próxima sabotaje será el último —dice—. El siguiente error nos mata a todos.
Se deslizan hasta una zona cercana al coágulo. Una maraña de vasos capilares rodea la obstrucción. Tienen que salir del Proteus para completar la intervención manualmente.
