Viaje alucinante
Viaje alucinante —¡Regresen ahora! —ordena Owens.
El tiempo se agota. El cuerpo de Benes se calma, el coágulo ha desaparecido. Pero el enemigo real sigue dentro. Y ahora, con los minutos contados, tendrán que hacer lo imposible: escapar.
El coágulo ha sido eliminado. Benes puede vivir. Pero el precio es aún incierto. Dentro del Proteus, los rostros están marcados por el agotamiento, el sudor y el miedo. Quedan ocho minutos antes de que todos crezcan a tamaño real dentro del cerebro de un hombre. La palabra “implosión” flota en el aire como una sentencia no dicha.
—Ruta de extracción bloqueada —anuncia Owens—. Estamos atrapados.
Los glóbulos blancos se agolpan fuera de la nave, envolviéndola con una precisión instintiva. El sistema inmunológico ha identificado al Proteus como una amenaza. Y actúa en consecuencia.
—No saldremos por el mismo camino —dice Grant—. ¿Qué hay del ojo?
Michaels lo mira, sorprendido.
—El ojo... ¿Quieres atravesar el nervio óptico?
—Es una vía directa. Rápida. Y si no lo hacemos, morimos aquí dentro.
Duval se opone. Cree que es suicida. Pero Cora lo respalda.
